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Había empezado una época difícil para la señora Linner. Tras la muerte de su marido, se encontró en serios apuros. Ya había tenido que vender a un anticuario unos muebles de estilo y unas valiosas joyas y hoy le había tenido que dar su Biblia, un ejemplar primorosamente encuadernado en piel, que había recibido como herencia de sus padres.
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Modificado el ( miércoles, 13 de mayo de 2009 )
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Una noche clara y serena, subía un vaporcito la corriente del río Delaware, en Estados Unidos. La naturaleza estaba en calma, y sólo el ruido de la máquina de vapor quebrantaba el silencio de la noche.
– Cante alguna cosa, señor Sankey – dijeron algunas personas al célebre compañero del evangelista D.L. Moody, que estaba a bordo.
– ¿Cantar? – respondió Sankey –. No sé más que himnos.
– Pues bien, un himno, por favor – dijeron todos.
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Modificado el ( miércoles, 13 de mayo de 2009 )
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Los
artistas de cine con frecuencia dan gracias a Dios cuando reciben un premio
de la Academia, como si el reconocimiento público de su fe fuera
un acto de valor. Pero imagínese a un actor que esté dispuesto
a morir por esa declaración.
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Modificado el ( viernes, 19 de diciembre de 2008 )
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Podría dar varios testimonios personales sobre la cuestión de dar, pero voy a contar sólo mi primera experiencia, que ocurrió en 1923 cuando todavía estaba en la escuela. Fui invitado por mi colega a predicar el evangelio en su ciudad, Chien-Au, que quedaba aproximadamente a 290 kms. de Foochow. Le pregunté cuánto costaba el pasaje y él estimó que alrededor de 70 u 80 dólares para remontar el río en una embarcación. El pasaje de vuelta sería un poco más barato. Le dije que iba a orar para saber si el Señor quería que yo fuese.
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Modificado el ( lunes, 06 de octubre de 2008 )
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En ese tiempo, el misionero C. T. Studd vivía en Lungang-Fu, una ciudad del interior de la China, cuando predicó sobre el versículo: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25, RV60).
Después de que la reunión hubo terminado, un chino quedó solo al fondo del salón. Cuando Studd se acercó a él, el chino le dijo que el sermón había sido una serie de disparates, y agregó: “Soy un asesino, un adúltero, he quebrantado todas las leyes de Dios y del hombre una y muchas veces. |
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Modificado el ( martes, 02 de septiembre de 2008 )
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La
gracia de Dios manifestada en la Prisión de Alta Seguridad de Sugamo,
en Japón.
Una joven irlandesa, alegre y vivaz, navegó para el Japón el 9 de octubre de 1916. Era Irene Webster-Smith, y venía de una familia aristocrática. Irlandesa hasta la médula, ella a veces desbordaba alegría con humor inteligente y agradable que espantaba a los ultraformales y afectados, pero que atrajo a millares de japoneses en los años siguientes.
Aquella talentosa joven irlandesa no imaginaba que un día sería usada por Dios para transformar las vidas de catorce de los más duros criminales de guerra en Japón.
¿Cómo sucedió tal milagro? |
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Modificado el ( miércoles, 30 de julio de 2008 )
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A mediados del siglo XIX una conmoción sobrevino a la ciudad de Nueva York. Miles de comercios quebraron cuando los bancos fallaron, y el ferrocarril fue a la bancarrota. Las fábricas cerraron y un enorme número de personas perdió el empleo. Sólo la ciudad de Nueva York tenía 30.000 desempleados. |
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Modificado el ( martes, 08 de julio de 2008 )
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