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Podría dar varios testimonios personales sobre la cuestión de dar, pero voy a contar sólo mi primera experiencia, que ocurrió en 1923 cuando todavía estaba en la escuela. Fui invitado por mi colega a predicar el evangelio en su ciudad, Chien-Au, que quedaba aproximadamente a 290 kms. de Foochow. Le pregunté cuánto costaba el pasaje y él estimó que alrededor de 70 u 80 dólares para remontar el río en una embarcación. El pasaje de vuelta sería un poco más barato. Le dije que iba a orar para saber si el Señor quería que yo fuese.
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Modificado el ( lunes, 06 de octubre de 2008 )
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En ese tiempo, el misionero C. T. Studd vivía en Lungang-Fu, una ciudad del interior de la China, cuando predicó sobre el versículo: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25, RV60).
Después de que la reunión hubo terminado, un chino quedó solo al fondo del salón. Cuando Studd se acercó a él, el chino le dijo que el sermón había sido una serie de disparates, y agregó: “Soy un asesino, un adúltero, he quebrantado todas las leyes de Dios y del hombre una y muchas veces. |
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Modificado el ( martes, 02 de septiembre de 2008 )
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La
gracia de Dios manifestada en la Prisión de Alta Seguridad de Sugamo,
en Japón.
Una joven irlandesa, alegre y vivaz, navegó para el Japón el 9 de octubre de 1916. Era Irene Webster-Smith, y venía de una familia aristocrática. Irlandesa hasta la médula, ella a veces desbordaba alegría con humor inteligente y agradable que espantaba a los ultraformales y afectados, pero que atrajo a millares de japoneses en los años siguientes.
Aquella talentosa joven irlandesa no imaginaba que un día sería usada por Dios para transformar las vidas de catorce de los más duros criminales de guerra en Japón.
¿Cómo sucedió tal milagro? |
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Modificado el ( miércoles, 30 de julio de 2008 )
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A mediados del siglo XIX una conmoción sobrevino a la ciudad de Nueva York. Miles de comercios quebraron cuando los bancos fallaron, y el ferrocarril fue a la bancarrota. Las fábricas cerraron y un enorme número de personas perdió el empleo. Sólo la ciudad de Nueva York tenía 30.000 desempleados. |
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Modificado el ( martes, 08 de julio de 2008 )
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Yo me encontraba en Argentina, y cierto día fui a visitar a algunos enfermos en el hospital. Era la primera vez en mi vida que veía pacientes con poliomelitis en pulmones de acero. La escena era tan impresionante que casi no logré soportar. |
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Modificado el ( martes, 08 de julio de 2008 )
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Cuando yo tenía cinco años, mi bisabuela vivía con nosotros en una casa grande estilo victoriano, en San Francisco. Ella tenía 92 años de edad, y estaba débil y casi inválida. Pero pasaba mucho tiempo leyendo la Biblia en su habitación. Su versículo favorito era Isaías: “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (40:31).
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Modificado el ( miércoles, 23 de abril de 2008 )
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A mediados de los años ’90, un equipo de jóvenes obreros de la misión evangelística “Every Home for Christ” (Todo Hogar para Cristo) se adentró en los dominios de la tribu Koio, en las regiones montañosas de las Islas Salomón. Sabiendo que anteriormente allí habían sido asesinados un oficial del gobierno británico y tres sacerdotes católicos, los jóvenes pasaron una semana orando y ayunando antes de acercarse a la aldea.
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Modificado el ( jueves, 17 de abril de 2008 )
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